Vivid conforme a la Verdad

El camino del peregrino

 


 

        Quien la palabra de Dios sólo la oiga y no viva de acuerdo con ella, tampoco la entenderá.

 

 

            En todos los tiempos muchos hombres recibieron las palabras de la Verdad y así también, en el tiempo presente. Muchos oyeron y oyen las palabras de la Verdad, se enriquecieron y se enriquecen con ella, enseñaron y enseñan, predicaron y predican, pero no vivieron ni viven según ella, y además, se hacen pagar por ello.

 

         Quien vive según la Verdad y enseña desde su realización, desde su corazón pleno, recibe la recompensa que proviene del Reino de la Verdad.

 

        Sólo aquél que enseña y no vive según ella, trata de que sean llenados sus bolsillos. Estos son aquéllos que están a la orilla del camino, que acogen las semillas de la vida, las transmiten, y no las ponen en obra.

 

           Cuando la semilla cae en el corazón, empieza a germinar y crecer, y también hace surgir frutos desinteresados.

 

       Sin embargo, quien la verdad sólo la oye y no vive conforme a ella, es permanentemente una caña balanceándose al viento. Cuando tiene que responder por lo que ha oído y aceptado, reniega de la Verdad y la abandona. Y si es perseguido por causa del Evangelio, va a la aparentemente segura orilla. Quiere salvarse renunciando a la Verdad, volviendo al mundo y sumergiéndose en su oleaje para no seguir siendo visto y atacado.

 

        En consecuencia, quien la Verdad sólo la oye, la está aceptando pero no acogiendo. Acoger quiere decir vivir conforme a ella. Quien viva la Verdad, cuando vengan las tempestades, sufrimientos y persecución, será una roca en el oleaje.

 

                Y así mismo, los que reciben la simiente entre cardos son aquéllos que oyen la palabra pero las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y no llega a dar fruto.

 

            Los que reciben la simiente en buen suelo son los que oyen la palabra y la entienden, los que hacen surgir y dan fruto: unos cuarenta, otros sesenta y otros el céntuplo.

 

            Los que tengan oídos que oigan.