La Base de la Vida Humana
Claves Espirituales

 

           La base de la vida humana está en la manera de pensar y actuar del hombre. Por tanto, el que se esfuerza en llegar a conocer el sentido de la vida se convertirá en un investigador de sí mismo y de su interior.


          Para llegar al conocimiento de las Leyes Superiores, cada uno tendrá que investigar profundamente en sí mismo, deberá indagar en el mundo de sus sensaciones, pensamientos y sentimientos que le marcan. Así mismo, su forma de hablar y actuar expresan lo que es, porque todo lo que la persona siente, piensa, habla y hace es ella misma; lo irradia e igualmente lo atrae, ya que los pensamientos, sentimientos y actos son emisores y receptores. Tanto nuestra conciencia diurna y el subconsciente, como lo que nuestra alma, el ser espiritual, en nosotros ha almacenado es decisivo para nosotros, dado que todo lo que sale de nosotros nos vuelve, porque en lo que emitimos se encuentra al mismo tiempo el receptor, el imán que a su vez atrae lo que hemos emitido.


     Todo el Infinito es Ley. Las innumerables Fuerzas del Universo son legitimidades. Cada sensación, pensamiento y acto son energías y legitimidades.


          Las sensaciones, pensamientos y actos elevados, nobles, puros y desinteresados son legitimidades divinas en tanto que las sensaciones, pensamientos y actos bajos, codiciosos, maliciosos, destructores y divisores son las legitimidades de la caída de la Ley de siembra y cosecha.


       Puesto que Dios es la Fuerza Omnipresente, así también la Ley Eterna, Dios, está contenida en todos los aspectos de la Ley de la caída. Es decir, la Ley Divina está contenida en la Ley de la caída y la mantiene, porque la Ley Divina permanece, como energía conservadora en los aspectos de la Ley de la caída el tiempo necesario hasta que el hombre haya dado el paso decisivo para examinar su vida terrenal, que consiste en sus pensamientos, sensaciones, sentimientos, etc., y se entrene en el autoreconocimiento, y se interese por las Leyes Superiores. Entonces su "yo inferior" se transformará en su "Yo Superior" porque estará activando la Fuerza mantenedora, Dios, con la ayuda de la cual, podrá ir saliendo de la Ley de la caída, de la Ley de siembra y cosecha.


         En la Ley de la caída actúa también la justicia, por ello se la denomina "Ley de compensación", según la cual, igual atrae a igual, y vuelve a actuar sobre lo que es igual.


      Sabemos que ninguna energía se pierde, por tanto nuestro mundo de sentimientos, pensamientos y sensaciones, al igual que nuestras palabras y actos, son energías que no se pierden.


           Repito: Lo que parte de nosotros, vuelve de nuevo a nosotros. Lo que el hombre emite, vuelve a él y marca su persona externa. Por tanto, cada uno es una central emisora y, al mismo tiempo, receptora de todas las fuerzas terrestres y extraterrestres. Hacia donde el hombre emite, de allí vuelve a recibir.


           Lo que  emitimos en energía  toma el  camino  desde  la  conciencia  diurna  al  subconsciente y  de ahí  a nuestra alma; al mismo tiempo es registrado en el Cosmos material y en el inmaterial.


       El potencial energético de nuestra alma nos atraviesa con sus rayos y marca nuestra persona. En la profundidad del alma está la Conciencia Cósmica, la Ley Eterna del Universo que contiene todas las Fuerzas puras, las Fuerzas de los mundos puros de substancia fina y de todos los seres puros.


            La Ley Eterna traspasa con sus rayos todas las formas de vidas espirituales y éstas, a su vez, se traspasan mutuamente.


           En las capas exteriores del alma está registrada la Ley de Siembra y Cosecha, que irradia y forma con sus envolturas el "aura". En nuestra alma está registrado aquello que hemos causado nosotros como hombres, y con lo cual hemos de ocuparnos diariamente. El hombre recibe lo que ha sembrado. Lo que cada uno ha introducido en su alma, se refleja en el exterior y tiene sus efectos sobre nuestro cuerpo. Todo nuestro comportamiento se expresa en los gestos y en la mímica, y muestra quienes somos.


           El hombre sufre a causa de su comportamiento, enferma a causa de su comportamiento y atrae su golpe de destino también a causa de su comportamiento.


         La imagen del hombre es la irradiación de su alma. El que no se vence a sí mismo porque no toma las riendas de su vida o porque cuida sólo los deseos humanos y no capta el sentido de la vida, quiere vencer a los demás. Durante su vida en la Tierra, y a más tardar en el más allá, ha de reconocer que él ha sido vencido por Fuerzas que le han hecho sucumbir; pero si creemos en la existencia de la vida substancial sutil, tendremos mucha más facilidad para aceptar una Fuerza Eterna Omnisapiente que ha creado esta forma Cósmica, el ser de materia sutil que denominamos también "alma".


            El espíritu de la vida es la Fuerza Eternamente Existente que denominamos también "Dios".